Como el año pasado ya reseñé mis impresiones sobre la primera película de El Hobbit, este año no podía dejar de comentar la segunda. Y al igual que ocurrió entonces, soy consciente de que cuando publico esta entrada ya no es de «actualidad», por lo que también tenéis mi autorización expresa para que paséis de todo lo que viene a continuación 😛
La razón de la tardanza es que he preferido esperarme al segundo visionado para ver si se confirmaban o desmentían mis primeras impresiones… y ha habido un poco de todo, la verdad.
Las circunstancias
Las dos veces la hemos visto en el Diversia de Alcobendas, ya que nos queda muy cerca y los horarios permitían volver a casa prontito, sin hacerle una faena a las abuelas. En la primera ocasión nos animamos a verla en 3D HFR y nos pasó lo mismo que las otras veces que hemos visto una peli en 3D: que al principio se nota muchísimo el efecto, pero hacia el final no lo notamos tanto. Al menos ya no se notan las aceleraciones extrañas que se veían en la primera parte cuando había algo de acción. Por eso la segunda vez la vimos en formato digital normal, para evitar el engorro de las gafas.
Lo que sí hemos notado es que han bajado los precios una barbaridad. Recuerdo que el año pasado costaba 9 euros la entrada + 2 por las gafas de 3D, y este año hemos pagado 7,5 € con las gafas incluidas. También tuvimos la suerte de pillar las entradas para la segunda vez un jueves, que en Diversia es el día del espectador, con lo que nos salieron las entradas a 5,50. Esta bajada la hemos notado en otros cines, como La Vaguada y el Kinépolis… y más vale tarde que nunca, porque con la crisis el cine estaba convirtiéndose en un artículo de lujo.
Pensaba comentar ampliamente la mayoría de las escenas de la película, pero iba a requerir un tochopost de esos que hoy no me puedo permitir. A ver si limitándome a lo que me ha parecido bien y a lo que no me ha gustado me desoxido un poco 😛
Lo que más me ha gustado…
Me ha parecido magistral que el Anillo permita a Bilbo entender el lenguaje de las arañas. Cuando aparecieron estaba pensando que era una lástima que no hablaran como en el libro, así que me encantó esa vuelta de tuerca cuando sucedió.
Disfruté mucho la persecución en el río, incluyendo el mortal barril rodante. Está llena de maniobras molonas (tanto de elfos como de enanos) que tengo ganas de apuntarme detenidamente cuando la vuelva a ver, porque me parecen estupendas para salpimentar las descripciones de los combates de alto nivel. Eso sí, Legolas tiene una extraña fijación por surfear cualquier cosa: arañas, orcos…
Por cierto, si Oin fue mi enano favorito en la anterior entrega, en ésta es Dwalin. Encarna el arquetipo rolero del enano que siempre hemos tenido en mente. Gruñón, sin ningún tipo de diplomacia, receloso de los extraños… pero también eficaz en combate y extremadamente leal a su señor. La única pega es que se pasa la peli saliendo de sitios (un barril lleno de pescado, una letrina) y amenazando al que está más cerca… ya podían haber cambiado de situación para presentarlo de forma humorística, pero bueno.
Me gustó ver a Gandalf visitando las tumbas de los Nueve, y deshaciendo poco a poco el hechizo sobre Dol Guldur. También me cuadra más que éste sea el punto de partida de los ejércitos orcos y wargos que marcharán sobre Erebor. Por otra parte, tiene pinta de que al final serán los miembros del Concilio Blanco quien expulsen a Sauron en un combate de tú a tú, en lugar de ocurrir durante la batalla de masas que esperaba.
Pero lo que más me ha gustado es,sin duda, la parte de Bilbo a solas en Erebor. Supera con creces cualquier imagen mental que ya tenía de la escena, comenzando con el tesoro. Ésta es la ilustración del propio Tolkien de un botín «que sobrepasaba toda cuenta y medida» (según sus propias palabras):

Y efectivamente, es un tesoro bastante grande… pero que a día de hoy muchos roleros calificaríamos como «del montón». Viene a ser más o menos lo que uno espera en D&D cuando matas a un dragoncillo regulero.
Sin embargo, la peli va mucho más allá y consigue que visualicemos el término «incalculable»: una inmensa ladera de oro sobre la que Bilbo no es más que un diminuto escalador. Resultaba muy fácil sentir la desesperación del pobre hobbit, abrumado y solo, buscando una gema chiquitita que podía estar en cualquier parte de aquella gigantesca montaña de oro. Peor que si tuvieras que encontrar una piedra determinada en La Pedriza… porque a fin de cuentas, ¿quién te dice que la Piedra del Arca no esté bajo toda esa montaña de oro?
Y aparte del tesoro, por supuesto, Smaug. Físicamente imponente, con esas espinas móviles en la cabeza que lo hacen aún más expresivo, con sus movimientos felinos y esa incandescencia cuando está a punto de exhalar su aliento. Y encima se retrata a la perfección su carácter vanidoso, astuto y maquiavélico. Me encantó que contemplara la posibilidad de dejar que Bilbo le lleve la Piedra del Arca a Thorin para que la avaricia le destrozara la mente. Vamos, que queda claro que al Gran Gusano no sólo hay que temerle por ser una gigantesca bestia que escupe fuego, sino porque además es malévolamente inteligente…
Por cierto, me llamó la atención el que llamara «Escudo de Roble» a Thorin… Si el hijo de Thrain se ganó el sobrenombre bastante después de que huyeran de Erebor ¿cómo puede Smaug saber algo así sin haber salido de la Montaña Solitaria? ¿Quizás las fuerzas de la oscuridad ya estaban en contacto con Smaug mucho antes de lo que suponía Gandalf? Interesante… a menos que sea un error de la peli, claro.
.. y lo que no.
Pues… hay un par de cosas que me pican bastante.
Para empezar, Beorn. No sólo me lo cambian físicamente (¿dónde está su barba?), es que lo convierten en una caricatura triste y solitaria del personaje que conocemos. Porque vale, los animales mágicos que servían las mesas en el libro tal vez resulten demasiado «de cuento» para el tono general de la película, pero creo que no habría costado demasiado plasmar el truco de Gandalf de ir presentándole a los enanos poco a poco. Habría sido una forma estupenda de profundizar en el carácter de uno de los principales personajes del libro.

Pero lo que más me pica, con mucha diferencia, es la parte desde que Bilbo encuentra a Thorin en el interior de Erebor. Smaug se nos transforma de golpe, pasando de ser un formidable oponente, capaz de pillar a Bilbo por el sonido de su respiración y por su olor, a ser un dinosaurio torpe, sordo y con anosmia, incapaz de detectar a una docena de enanos ruidosos justo debajo de él ni de actuar inteligentemente cuando éstos se separan. Incomprensible.
Y no sólo empeoran sus cualidades físicas de repente, sino que también cambia su personalidad. Aunque dejemos a un lado eso de que le derroten doce enanos cuando no pudieron miles (es posible que se haya vuelto tan torpe después de años de vaguería, como le espeta Thorin) lo que me parece de traca es que decida de golpe dejarlo todo y largarse a atacar Esgaroth.
Por más que lo enfoco desde todos los ángulos que se me ocurren, no le encuentro sentido. Ya no es sólo que ningún dragón que se precie renunciaría tan fácilmente a su tesoro (y menos uno tan artero como Smaug). Es que ¿qué puede ganar atacando la ciudad? Cuando vuelva los enanos seguirán ahí, e incluso será más difícil eliminarles porque se habrán encastillado aún mejor. Pero no sólo eso… si no ha sido capaz de encargarse de doce enanos ¿cómo es que se cree capaz de atacar una ciudad de miles de personas que encima cuentan con un gigantesco arco-X antiaéreo?

Y mira que soy el primero en firmar para que haya más escenas de acción con Smaug. Por ejemplo, me gustó ese momento de Thorin haciendo equilibrios sobre la boca del Gran Gusano. Pero estoy segurísimo de que se podrían haber justificado sin convertir al dragón más poderoso de la Tercera Edad en una lagartija torpe y abusona. Hemos perdido una oportunidad inmejorable para presenciar un combate con un dragón verdaderamente inteligente.
Además, sigo sin ver los motivos para no querer acabar la película como lo hizo Tolkien. En el cuento Smaug da por muertos a los enanos y por eso se larga tranquilamente a vengarse con la Ciudad del Lago. Creo que habría quedado muy bien si hubieran pasado de la dichosa estatua de oro y hubieran mostrado a los enanos batiéndose valientemente, pero ante el empuje del dragón fueran acabando unos enterrados en cascotes, otros cayendo por un pozo y otros más presuntamente achicharrados hasta morir. Incluso habría aportado un punto dramático, haciendo que la audiencia dudara si realmente los guionistas se habían apartado tanto de la historia original… para, a continuación, revelar poco a poco que en realidad todos han sobrevivido de una forma u otra. ¿No hubiera quedado menos forzado?

En definitiva
Pues tengo que decir que en general me divertí, a pesar de ese final. No hay tiempo de aburrirse, las tres horas se pasan en un suspiro porque están continuamente pasando cosas, sean de acción o no. Un ritmazo de película. Eso sí, también he de confesar que la última media hora se me hizo algo larga, incluso habiendo toñas y persecuciones sobre el lago y bajo la montaña.
No me parece mal la invención de Tauriel y su historia, y pega perfectamente en el tono de «El Hobbit según Peter Jackson» de estas películas. Por cierto, en el segundo visionado nos fijamos y Kili no es el enano más alto (ése es Dwalin), sino el que tiene menos barba. Será que los elfos tienen el cutis demasiado delicado… 😛
Particularmente me sigue maravillando que hayan conseguido distinguir tan bien a casi todos los enanos. Hay cuatro que siguen estando bastante desdibujados (Nori, Ori, Oin y Bifur)… pero en el libro eran diez los que estaban tan desdibujados. Un logro, en mi opinión.
En fin, ya sólo queda una película… y seguramente será la más espectacular, seguro. ¡Qué ganas de verla!







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