Hace más de una década, cuando nos vinimos a vivir a esta casa, tuvimos claro que íbamos a comer todos juntos en la cocina. La casa anterior era más pequeña y no teníamos más opción que comer en un salón estrecho, acompañados de la tele. Pero ahora que teníamos un poco más de espacio (pero tampoco mucho, todo hay que decirlo), ya podíamos convertir las comidas en un momento para estar todos juntos, sin pantallas ni otras distracciones. Sólo nosotros.
Y es una costumbre que recomiendo totalmente, sobre todo cuando tienes hijos. Durante estos últimos once años ha sido el momento en el que nos ponemos al corriente de lo que nos ha pasado a cada uno en la guardería, el cole, el instituto, la universidad o en los trabajos. También es donde salen los planes, las inquietudes, las charlas filosóficas y las payaserías que al final nos definen como familia.
El caso es que nos dimos cuenta de lo útil que era tener un mapa a mano durante estas charlas en las comidas. Cada vez que planificábamos un viaje, comentábamos una noticia internacional o repasábamos alguna lección de Conocimiento del Medio, teníamos que sacar un móvil. Y francamente, una pantalla chiquituja se te queda muy corta cuando quieres visualizar según qué distancias o proporciones.
Lo curioso es que por aquel entonces ya teníamos un mapa en la mesa de la cocina. En aquellos maravillosos e irrepetibles tiempos de Google Plus había visto gente imprimiéndose en hule el mapa del mundo de su campaña rolera, para tenerlo en la mesa durante las partidas. Y me pareció una idea tan genial que ya llevábamos un tiempo tapando Mordor, Gondor y la Comarca con nuestros platos y vasos.

Así que no tardamos mucho en sumar dos y dos: ¿por qué no cambiamos la Tierra Media por un mapamundi?
Y eso hicimos. Durante varios años estuvimos comiendo y haciendo planes sobre un mapa del mundo con los nombres en inglés, porque por aquel entonces no encontré ningún JPG de suficiente calidad y tamaño que tuviera las leyendas en castellano. Pero oye, hizo su función admirablemente bien.

Sin embargo, llegó el COVID y el mapa se nos fue casi completamente a blanco. La culpa fue de la lejía que (no sé si os acordaréis) teníamos que utilizar para limpiar y desinfectar toda la compra que venía de la calle.
Así que, para sustituirlo, en aquel momento me pareció una buena idea cambiar a un mapa de España. A fin de cuentas, tampoco nos íbamos tanto al extranjero. Eso sí, mantuvimos en una esquinita el mapamundi, por si hacía falta consultarlo en alguna ocasión.

Y oye, a día de hoy, después de más de un lustro, el hule sigue resistiendo.
Sin embargo, el desgaste del día a día ha hecho mella, y España ya se va viendo muy desvaída (no, no es un comentario sobre la política actual). También nos hemos ido dando cuenta de la cantidad de veces que hemos necesitado consultar el mapamundi antes que el mapa de España. Si a eso le añadimos que MetaCorsario va a empezar el instituto y va a ver más temas internacionales… pues tocaba un cambio ya.
Y aquí está el resultado que nos llegó el jueves pasado:

Como veréis, no he vuelto a utilizar el jpg del mapamundi anterior, sino que en esta ocasión he partido de este otro en castellano, procedente de la web Equal Earth. Se trata de una iniciativa que descubrí el año pasado en este artículo de Microsiervos, y me pareció una gran idea que me apunté, justo pensando en este momento.
Este mapamundi refleja de forma más realista (dentro de lo que puede serlo cualquier proyección, claro) las proporciones de los países y los continentes. Así, para MetaCorsario Groenlandia ya no será tan enorme como lo ha sido siempre para sus padres, que hemos vivido con la proyección de Mercator. Y además, viene estupendísimamente bien tener un recordatorio sobre cuán pequeña es Europa en comparación con… bueno, básicamente, con todo el mundo.
Tengo que mencionar el dolor de muelas que fue cuadrar un mapa tan chulo en un hule cuadrado. Me empeñé en no cortar los laterales del mapa, porque en uno de ellos están Australia y Japón… y claro, al final ha quedado todo apiñado en una franja muy estrecha en el centro del mantel. Ahora me doy cuenta de que debería haber recortado desde el borde izquierdo hasta Alaska. Sí, habría dejado fuera Hawai, Kiribati (que no sé a vosotros, pero a mí no me suena este país para nada), Fiyi, Tonga, Samoa, las Islas Cook, las Pitcairn y la Polinesia Francesa (se habla demasiado poco de los territorios que tienen los franceses por el mundo). Pero sin ese trozo del mapa, podría haber hecho más ancha la franja central. En fin, me lo apunto para la siguiente iteración.
Por otro lado, tengo también que decir que no me esperaba que lo de la reduflación afectaba también al mercado del hule. El del mapa de España, de hace unos años, tiene un grueso… de hule, vamos, y se limpiaba fácilmente. Éste nuevo es de bastante peor calidad. Es tan fino que hemos dejado el otro debajo, y encima es tan poroso que ya tiene dos manchas de gazpacho que no se van. Así que nada, en breve me veo encargándolo de nuevo en otra tienda online, donde las calidades sean mejores.
Y finalmente, un tema que nos dejó ayer con la boca abierta. Mira tú por dónde, lo que son las cosas. Justo antesdeayer, el día después de recibir el nuevo hule, resulta que esta proyección de Equal Earth saltó a las noticias porque la ONU ha aprobado la promoción del uso de mapas que reflejen mejor las proporciones de países y continentes. ¿El único país que votó en contra de la proposición? Estados Unidos… que claro, últimamente están muy liados renombrando cosas por su cuenta.
Quién sabe, igual un día le da a Trump por venir a mi casa a escribir sus cosas encima de nuestro hule. 😛






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