La pasada noche del 26J, cuando la repetición de las Elecciones Generales en España, mi Reina se fue pronto a dormir. Y como no me apetecía tirarme dos horas escuchando tonterías hasta que salieran los resultados definitivos, aproveché para quitarme esta peli de mi lista de “pendientes”.

Vaya por delante que mis expectativas eran bastante bajas. A ver, lo único que me gusta de la franquicia es la peli original de Verhoeven y el arcade (que, por cierto, se puede jugar online por aquí), y recuerdo vagamente el espanto de las pelis 2 y 3. De la versión de 2014 no había escuchado nada sobresaliente, pero tampoco nada muy malo.

Pues mira por dónde, resultó que me tuvo enganchado durante las primeras tres cuartas partes del metraje. Y es que su premisa tiene cada vez menos de ciencia-ficción: ¿tendremos robots policía autónomos patrullando por las calles?

El punto de esta versión de Robocop es que nos enseña el punto de vista de la OCP, una megacorporación dedicada a los robots militares que quiere forrarse dotando a los cuerpos de seguridad de EEUU de versiones policiales de sus droides. A diferencia de la peli original, aquí los robots son tremendamente eficientes y no fallan, así que ¿qué le impide a la OCP dar el paso? Pues la existencia una ley (mecachis) que impide el uso de armas autónomas en suelo yanki. Una ley que apoya la mayoría de los americanos, a los que no les mola nada que una máquina decida por sí sola matar a un paisano (reparos que no parecen tener cuando se trata de gente en otro país, dicho sea de paso 😉 ) Así que la OCP decide enfocar todos sus esfuerzos en trabajarse a la opinión pública para que se derogue la ley. Vamos, que de partida uno ya entiende y hasta puede empatizar con el razonamiento de “los malos”… lo cual es empezar bien, muy bien.

Con este fin crean el proyecto Robocop, cuya parte humana consigue que disminuya el rechazo de la gente, mientras los medios de comunicación comprados por OCP van consiguiendo que cale en el público la eficiencia de la “parte máquina” de Murphy. El plan es un éxito total, ya que los senadores terminan derogando la ley anti-robots ante las demandas de la opinión pública.

Pero hasta entonces vamos viendo todas las decisiones que van tomando Michael Keaton, el presidente de OCP, con sus colaboradores más cercanos, tanto en los temas técnicos como en lo marketiniano puro y duro. Y lo fascinante y también aterrador es que sus manipulaciones de la opinión pública son demasiado parecidas a las que vemos todos los días en el mundo real.

Pero ¿y Robocop?

Ejem… sí, he hablado poco del protagonista, ¿no? Pues ya os haréis una idea del interés que me produjo. Y mira que tiene escenas muy potentes, como en la que descubre que sólo le queda parte de su cabeza y una mano. Pero su venganza y sus asuntos de familia pierden interés muy rápidamente en comparación con los tejemanejes de la OCP.

Y llamadme raro, pero creo que algo falla cuando lo que te apetece es darle al fast-forward en las escenas de acción para ver la siguiente escena de despachos. Es como meterte en una partida de Cyberpunk 2020 con tu Mercenario a tope y descubrir que te aburren los tiros y te mola más la movida que se trae el Ejecutivo. Llegué a pensar que era cosa mía, de que ya me estoy volviendo mayor… hasta que recordé lo bien que me lo había pasado con Mad Max: Fury Road.

Entonces me di cuenta del motivo. El nuevo Murphy y su antagonista-mercader-de-armas-melenas tienen Carisma CERO. Nada que ver con esos personajazos que eran el Murphy original y ese mamón con pintas de Clarence Boddicker.

Boddicker vs Vallon
Es que no hay color.

Pero no sólo eso, es que la película descarrila precisamente cuando la trama de Murphy se impone. De repente el presidente de la OCP deja de comportarse como durante toda la película y se convierte en un malo de caricatura, todo para tener una excusa para matarle. Y con ello se rompe la coherencia de la peli y se acaba el metraje. Fin

Mal. Muy mal.

En conclusión

Más que ciencia-ficción, diría que la película es casi cine de anticipación. No hay más que recordar que el año pasado la ONU organizó un encuentro sobre Armas Autónomas y que numerosos científicos ya están alertando sobre su proliferación. Y un debate muy parecido al de la película ya ha surgido en la realidad, cuando la policía de Dallas utilizó un robot artificiero para matar a un francotirador en Julio de este año.

La lástima es que el guión no explora a fondo esos dilemas, sino que los utiliza únicamente como punto de partida. Aunque es verdad que no se le puede pedir a un remake de Robocop que establezca unas leyes de la robótica militar a lo Asimov.

Eso sí, tampoco se puede decir que sea un buen remake. Se echa de menos alguna personalidad y carisma en los protagonistas y antagonistas, por no hablar del humor gamberro marca Verhoeven. Pero si adoptamos el mismo punto de vista que Barney Stinson tenía sobre Karate Kid nos queda una peli que bien podría titularse OCP: tecnología vs. prejuicios. Y hasta entretiene y todo.

Mucho más de lo que puede decirse de casi todo lo que vino tras el primer Robocop.

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