Hace tiempo, casi va para un año, mi Reina y yo fuimos al mercado Puerta de Toledo para hacer unas compras relacionadas con nuestra Princesa. Pero héte aquí que encontramos también una especie de exposición itinerante de armas y armaduras medievales, en donde mi Reina me compró una camiseta con el lema templario y un pin con un hacha doble.
Sabiendo mi gusto por las hachas, mi Reina fue más allá y me cosió el pin a la cazadora negra que últimamente llevo para ir a todas partes: al trabajo, a la guardería de mi Princesa, a hacer la compra, a pasear por ahí…
Por supuesto todos los que me conocen pillaron rápidamente el significado del hacha en mi solapa. Sin embargo, yo notaba alguna mirada de susto por parte de algún viandante, miradas que yo achacaba a que desde hace un tiempo llevo el pelo bastante cortito. No rapado, pero sí al dos o al tres. Esto, unido a mi perilla sempiterna, a mi metro ochenta y ocho de estatura y a que soy más bien ancho de hombros, explicaría la mayor parte de las miradas desconfiadas.
Sin embargo, un fin de semana mi hermano me proporcionó la parte que faltaba. Resulta que vino de un partido en el Bernabeu y se quedó mirando cierta bandera que ciertos aficionados enarbolaban en el Fondo Sur.
Claro, en cuanto vio el hacha se acordó de mi pin y les preguntó el significado, pero por supuesto estos aficionados no supieron responderle más que era su símbolo. Supongo que tampoco quisieron extenderse en otro tipo de explicaciones…
Ni que decir tiene que en cuanto me lo contó me quité el hacha de la solapa.
En fin, la moraleja que extraigo es la siguiente: No importa lo mucho que te aísles, joven friki, del mundo del fútbol. Al final siempre encontrará la forma de jorobarte.






Responder a ElTirano Cancelar la respuesta