Pues a lo tonto ya llevo un tiempo sin escribir por aquí. Más o menos el mismo que llevamos habitando en la casa nueva… así que igual ya va siendo hora de pasarse y sacudir un poco las telarañas virtuales que cubren todo esto. Y bueno, ya que estoy, pues aprovecho y les dejo un consejillo a los críos.
Chavales, es posible que vayáis a hacer vuestras mudanzas con el convencimiento de que ya sabéis el jaleo en el que os metéis. Permitidme que os comente una cosilla desde 2015: nunca estaréis preparados para lo que se os viene encima. En serio.
Es posible que en el dosmil treintaypico, cuando leáis esto, haya drones o robots que se encarguen de hacer las mudanzas de una forma sencilla y precisa. Lo dudo. Tal y como va la cosa, lo más probable es que los «profesionales» sigan siendo operarios humanos mal remunerados. Y si salís a nosotros, tampoco os fiaréis de que traten las cosas frágiles con tanto cuidado como lo haríais vosotros.
Si todo es tal y como lo pinto… iros preparando. Vosotros ya no os acordaréis, pero nuestra mudanza duró TRES (3) jornadas, siendo la última la que curró la empresa. Nos tiramos los dos días previos trasladando cosas nosotros mismos en el coche. Y menos mal, porque con los «profesionales» acabó alguna que otra pila de cajas en el suelo. Pero gracias al currazo que nos pegamos previamente no hubo ningún daño importante que lamentar.
Por cierto, si en vuestro presente están muy baratos esos servicios que te lo colocan todo todo todo tal cual estaba en la casa anterior, ¡pagadlos sin dudar!. Si no es así… pufff… la que os espera. Nosotros nos pasamos una semana durmiendo por separado en las casas de los abuelos porque la obra no estaba terminada y no era posible sacar las cosas de las cajas. Por si os interesa el dato, fue el 9 de octubre el primer día que por fin dormimos todos en la casa nueva… en vuestra casa de siempre, vamos 😛
Y aun así la movida no se acabó en ese momento. Ya veréis las fotos y vídeos de estas primeras semanas: un infierno de abrir y ordenar cajas, de montar estanterías y armarios, de obreros que se pasaban cada dos por tres por casa para ajustar una fuga de agua, una ventana mal sellada o montar ese lateral de la cocina que faltaba. Y a día de hoy, cuando publico esta entrada, todavía quedan estanterías por comprar y montar, cajas por desembalar, lámparas que instalar, cuadros que colgar, cortinas que ajustar… Aunque a estas alturas ya no tenemos la prisa del principio. De momento nos estamos dedicando a vivir la casa y a ir haciéndola nuestra con el día a día.


Al menos lo importante ya está en sus estanterías. Chicos, nada como una mudanza para valorar el peso de todo lo que tienes 😛
Así que dejadme que insista: no importa lo que penséis, nunca estaréis preparados del todo para la mudanza. La buena noticia es que se sobrevive… aunque también os digo que nunca seréis los mismos. Hay que ver en qué cantidad de cosas afecta un cambio de casa, incluyendo en el cómo eres.
No sé si os mudaréis a otro barrio, a otra ciudad o a otro país… a saber. Nosotros, pese a seguir en el mismo barrio en el que nacimos (diga lo que diga el ayuntamiento), hemos tenido que descubrir nuestro nuevo vecindario. A ver, las calles ya las conocíamos, pero no tiene nada que ver pasear por ellas que necesitar saber dónde se compra el pan bueno-bueno, dónde está la farmacia más cercana o la peluquería más apañada, etc. En fin, para vosotros ya será vuestro vecindario de siempre y ya os conoceréis los trucos, para nosotros está siendo una aventura diaria 🙂
Desde luego, lo que más nos está gustando de este nuevo sitio es poder ir todos juntos andando al cole y a la guardería. Supongo que dentro de un tiempo no os hará tanta gracia que os acompañemos 😉 pero ya nos daréis las gracias cuando caigáis en la cuenta de que podéis ir también al instituto andando. De momento vuestra madre y yo lo estamos disfrutando una barbaridad.
Y bueno, ya hablando de mí, a día de hoy sigo tratando de encontrar un horario para dedicarme a mis cosas. Las noches siguen condicionadas por el Pequeño Bárbaro, y el tiempo que me deja se me está yendo entre lanzamientos de Kerbals (que me han venido muy bien para presumir en cierto curso sobre la carrera espacial), el redescubrimiento de esa gran cantidad de módulos que hay disponibles para el viejuno Neverwinter Nights 1 y la forja de un imperio en Civilization V. Pero no me apetece demasiado meterme en ofertas navideñas para hacerme con nuevos videojuegos. Así de mohíno estoy.
Sí que sigo con ganas de escribir, pero las estoy invirtiendo en aquel taller de literatura que comentaba otro día. Afortunadamente siguen siendo los mismos compañeros, y nuestro nuevo profesor fue un antiguo compañero nuestro: Alejandro Gil. Gracias a su manera de explicar y analizar los textos y a los retos que nos propone me van saliendo algunos relatos curiosones, como Querida Henriette (una versión castiza del recurso narrativo de Abercrombie en la batalla de Los Héroes, con mi habitual marca de humor surrealista), Cómo (una elegía cuya clave está en la fecha) o Marrón (un relato de ciencia ficción con dilema moral de los que mola analizar en la barra de un bar). Y desde aquí no tengo por menos que agradecerte, Alejandro, tu sinceridad inmisericorde a la hora de señalarme tanto los aciertos y fortalezas como mis errores y debilidades. No sabes cuánto aprecio tener por fin una radiografía clara de mis posibilidades.
¿Y qué hay del rol? Pues… tengo que confesar que se me está haciendo bastante cuesta arriba el retomarlo. Sigo comprando novedades, me gusta bichear de vez en cuando por la comunidad de Google Plus… pero actualmente me produce bastante desgana. Ya veremos si esto es parte de ése «nunca volveré a ser el mismo» del que os hablaba un poco más arriba o se trata de algo meramente circunstancial. El tiempo lo dirá.
Pues oye, no ha quedado nada mal tras quitarle las telarañas. Igual me animo a seguir dándole caña y todo…


pero ya me pareció hacerlo demasiado obvio 😛




Deja una respuesta