En el taller de literatura de la Biblioteca José Saramago

14

El año pasado, durante una de las clásicas conversaciones post-comida de la SGRI, el maestro Roberto Alhambra comentó de pasada lo mucho que le había ayudado para sus siguientes novelas el haber asistido a un taller literario. Desde entonces me quedé con el gusanillo de apuntarme a uno. Principalmente por ver si me facilitaba el escribir por aquí, pero también por si me animaba a desempolvar todos esos conatos de historias que tengo en varias carpetas virtuales y que nunca termino.

Durante una temporada estuve mirando por internet algunos talleres de pago, sin animarme a dar el paso, cuando de pronto me enteré de que daban uno gratuito en la biblioteca que tengo cerca de casa, la José Saramago. Y ¿qué mejor manera de probar de qué va esto antes de empeñar pasta de verdad?

¿Convertirme en un escritor, y gratis? ¿Dónde hay que firmar?

Pues había que firmar en una lista de espera con unas diez o quince personas delante de mí. Me acabaron llamaron en marzo, cuando el taller llevaba dos meses funcionando, y desde entonces hasta el 8 de junio estuve yendo un par de horitas cada lunes por la tarde. Aún no sé si lo retomaremos en octubre o si habrá que volver a apuntarse y montar un nuevo grupo… ya veremos.

Lo cierto es que en estos tres meses no ha habido un solo día que fuera igual que el anterior. No sólo por las actividades en sí, que también, sino porque desde que entré prácticamente cada día desertaba un compañero y lo sustituía otro. Y por si fuera poco, allá por abril también cambió el profesor.

Curiosamente, el cambio de docente no varió demasiado la metodología del taller, así que me huelo que no debe haber tantas formas distintas de plantear una actividad de estas. Para que os hagáis una idea, las dos horas de clase se dividían a grandes rasgos de la siguiente manera:

  • Lectura de un texto o relato, para comentarlo entre los asistentes y que el profesor lo analice a continuación.
  • Teoría sobre distintos aspectos de la literatura.
  • Lectura de los relatos de los alumnos sobre un tema que el profesor propuso en la anterior sesión.  Los demás compañeros y el profesor los van comentando.

Los profesores

Luego cada profesor tiene su estilo, por supuesto. El primero que tuvimos, José Luis Dacal, impartía la parte de teoría como si fuéramos una auténtica clase universitaria de Literatura Comparada, con abundancia de terminología avanzada, y sus requisitos para los relatos que teníamos que traer al día siguiente eran muy laxos: que tocaran un concepto que elegía él (a veces parecía inventado sobre la marcha) y que no superaran un folio de extensión.

Por ejemplo, un día el tema fue simplemente “Maleable o moldeable”. Y con esos mimbres perpetré esto:

Ohivá, que no le puse título… pues era “Cosquillas”.

Lo reconozco, era una gamberrada 😛 Por un lado quería abusar adrede del plateamiento “que cada lector se monte su película” (os lo explico un poco más adelante), y por otro me apetecía reivindicar Dungeons & Dragons y Gerónimo Stilton como inspiraciones tan válidas como Cortázar y Mrożek.

Mis compañeros se quedaron a cuadros (normal), y alabaron la originalidad y el humor. Pero el profesor me puso una pega importante: no podría considerarse un “relato” propiamente dicho porque no hay un conflicto dramático suficientemente importante. Es decir, los obstáculos que el informe protagonista va encontrándose en su camino no son “conflictos” porque se sortean con facilidad, sin que el personaje llegue siquiera a plantearse dejar la búsqueda. Pues mira, justo este tipo de críticas es una de las cosas que buscaba cuando me apunté a esto.

Con el segundo profesor, Rubén Muñoz, íbamos más al grano en la parte teórica, y los “deberes” del día siguiente tenían requisitos dirigidos a practicar la teoría. Claro, Rubén viene de impartir los talleres literarios de El Electrobardo y se notaba que nos estaba impartiendo la versión demo… y no sólo porque todos los días mencionara las bondades de su taller online 😛, es que se veía mucho curro detrás del contenido de las clases y el material que nos facilitaba. Además, con él tuvimos que leernos y comentar dos libros, que fueron El Gran Gatsby y Matadero Cinco (¡hola, Tatiana! *guiño guiño*)

Por poner un ejemplo de lo que hicimos durante este “período”, uno de los ejercicios fue escribir un microrrelato de 100 palabras. Éste fue el primero que terminé:

Para siempre

—Buenos días, cariño. Vaya día tienes hoy —dijo Ana. —Después del trabajo tienes que pasarte por casa, hacer la merienda de los niños y correr a recogerlos.

—Sí, cariño. —suspirando, Alexei tomó el paño, empapado en el líquido, y se acercó a ella.

— ¿Y cuándo vas a comer? Tienes que cuidarte, cielo, no pueden ser bocadillos todos los días…

—No te preocupes, ya me apañaré —no pudo evitar una lágrima y la besó. —Hasta luego, cariño —y aplicó firmemente el paño sobre su rostro.

Cuando apartó el paño, ella seguía allí, sonriente. Y el cristal brillaba impoluto.

¿Qué os habéis imaginado?  ¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre al final? Pues ahí está la gracia: cada persona que lo ha leído me ha dicho una cosa distinta. Y ésa era la intención. Por eso me lo pasé pipa recortando, afinando el sentido de cada palabra, de cada frase, dándolo a leer, reajustándolo de nuevo para cuadrar exactamente las 100 palabras…  un proceso realmente divertido que produce la satisfacción inmediata de obtener un relato terminado. Con esa longitud, así cualquiera 😛

Así que supongo que no os extrañará que me pusiera a escribir otro, esta vez más rolero:

Las puertas del infierno

Dio un poderoso tirón. El eslabón de la cadena cedió y el corsario rodó, evitando la larga lengua. El ser que taponaba el pozo gorgoteó, frustrado. Román corrió hacia la salida. El ser lanzó su lengua de nuevo, que se retorció con la luz de las antorchas.

—¡Ajá! ¡Ya sé cómo acabar contigo, demonio!

El ser ardió con la antorcha, derrumbando en su agonía grandes trozos de la pirámide. El corsario, despanzurrado, sonrió triunfante: el suyo sería el último sacrificio.

Las innumerables cosas que salieron del pozo leyeron su mente y rieron mientras se diseminaban por la selva nocturna.

Éste es bastante más sencillote, sin cuádruples intenciones y lleno de acción. Pero el proceso de afinación de las palabras, recorte, etc. siguió siendo igualmente divertido. Supongo que me lo pasé tan bien porque, a fin de cuentas, es lo mismo que hago con las entradas del blog, pero con resultados más inmediatos.

Los compañeros

Son la otra pata en un taller de estas características, ya que de ellos depende en gran medida el ambiente de las sesiones. A mí me tocó una clase que raramente bajaba de 10 alumnos por sesión, con un rango de edades que oscilaba entre los treintaytantos y los taytantos, y cuyas procedencias personales y preferencias literarias no podían ser más diversas. Así de primeras suena a polvorín a punto de explotar, ¿no?

Pues en absoluto. Pocas veces he visto un grupo tan variado que fuera además tan tolerante y tan respetuoso con las preferencias de los demás. Lo cual favorecía no sólo un buen ambiente que permitía irse de cervezas después, también me invitaba a probar esas gamberradas literarias ante una audiencia tan dispar (lo cual me parece que es una oportunidad que no tiene precio :-P) y además me permitía apreciar y tomar notas de los estilos, los enfoques y los recursos que mis compañeros empleaban para afrontar el mismo ejercicio.

 

Por ahí me dicen que las cosas no son tan de color de rosa en otros talleres, así que soy consciente de que he tenido una suerte loca con los compañeros que me han tocado. Qué paciencia han tenido conmigo… ¡un saludo para todos desde aquí!

Impresiones y resultados

Y dicho todo esto, ¿ha cumplido el taller mis expectativas? Pues por una parte no… y por otra sí, incluso las ha excedido.

El “no” es para mis expectativas de mejorar mi método de escritura. Lo que hago siempre (como en este mismo artículo) es apuntar las ideas principales, luego desarrollarlas en frases completas, y por último ir ordenando, reordenando y corrigiendo para que el flujo de lectura sea un “camino” ameno y más o menos comprensible. Esto funciona muy bien para artículos o escritos cortos, pero lleva tanto tiempo que ni me lo planteo para escribir textos más largos, no digamos ya una novela. Sospecho que es el mismo método que sigue Rothfuss, por ejemplo, que le está costando echarle décadas a cada libro. Perezón…

Por eso mi esperanza era que aquí me enseñaran técnicas para escribir “de corrido”, de forma que no requiera tanto retoque. Pero los talleres no iban por ahí. Supongo que requeriría una atención bastante más exhaustiva por parte del docente, algo que no creo que puedan dedicarme  en una clase gratuita con otros diez alumnos… tendré que mirar si El Electrobardo ofrece algún taller que apunte en esta dirección. (*guiño, guiño*)

El “Sí, incluso las ha excedido” es para todo lo demás. Estoy aprendiendo a estructurar mejor los relatos, a vigilar la ortotipografía, a dibujar personajes con mayor profundidad y a manipular y a engañar al lector, todo ello a base de teoría, ejercicios… y de leer autores que ni de coña se harían un hueco en mi lista de espera de lectura, copada por Sanderson y Leiber. Si no fuera por el taller nunca me habría dado por leer a Cortázar y su “todo vale en un relato”, ni habría estudiado cómo Alice Munro retrata la complejidad de una mente femenina, ni habría averiguado jamás qué diantre significa realmente este relato de Tobías Wolff, ni, desde luego, habría visto en El Gran Gatsby otra cosa que no fuera un retrato de la aburrida y superficial alta sociedad neoyorkina de los años 20.

Y fue gracias a estos dos últimos que sufrí lo que me parece la revelación más importante que me brindó el taller: Que algunos relatos tienen significados ocultos, a veces varios, aparte del obvio. Seguro que algunos diréis “pues claro, melón”. Pero un cosa es saber que hay un significado oculto, y otra muy distinta es saber formularlo. Ya me gustaría ver si sois capaces de descifrar ese relato de Tobías Wolff, o la cara que se os queda al mirar con ojos arcoiris el relato de Fidgerald, después de haberlo leído como la narrativa de siempre.

En fin. Digo que “sufrí” la revelación porque se me quedó una expresión de estupor que Rubén os puede contar mejor que yo 😛 Y es que, si bien es emocionante pensar que tal vez se escondan otros significados en los relatos que ya hemos disfrutado otras veces, hay dos aspectos que me molestan especialmente.

El primero es la implicación de que la “buena” literatura debe tener como mínimo dos o tres niveles de profundidad. Es decir, que tiene que poder verse desde varios puntos de vista y que todos tengan sentido. Esto para mí equivale a aún más trabajo: si ya me cuesta esbozar dos o tres párrafos del tirón, pues ahora encima tengo que pensar más significados, distintos y crípticos, e imbricarlos en la historia. Perezón máximo… si pretendo escribir “buena” literatura, claro 😁

Y lo segundo, porque no estoy del todo seguro de que esos puntos de vista hayan sido puestos adrede por los autores. De hecho, una de mis preguntas recurrentes cuando llega el profesor y se saca uno de la manga, es “Pero ¿esto lo ha explicado el propio autor? ¿Alguien se lo ha preguntado y él lo ha confirmado?” La respuesta habitual es “No, pero aunque se lo preguntaras no te lo van a confirmar ni desmentir”.

Y es que la actitud que hay detrás de todo esto es la que comentaba más arriba, la de “que cada lector se monte su película”. Se prefieren los textos que dan los apoyos justos y que tengan huecos y dobles sentidos… y al tiempo se detestan los que “llevan de la manita al lector” para despejar cualquier duda sobre la intención o la visión del autor. El problema es que esto da lugar a lo que denomino la visión del sobrepensador, que también se da en el frikismo pero de otra manera. Se trata de examinar el texto buscando otras interpretaciones y utilizar cualquier detalle, por nimio que sea, para crearlas aunque no las haya. Y encima reclamando que también son interpretaciones legítimas si se pueden defender mínimamente.

Por poner un ejemplo, esta visión conspiranoica de los sucesos de la Guerra de las Galaxias:

para un friki es una obra maestra genialmente hilada y elaborada, pero sabe que no es lo que tenía George Lucas en mente cuando hizo sus películas. Para un sobrepensador literario, en cambio, se trata de una interpretación que es muy posible que Lucas dejara implícita, incluso aunque jamás la reconozca.

¿Cómo no va a desquiciarme esta actitud?

Así que mi forma de rebelarme fue llevarla al absurdo a través de los dos primeros relatos que os he puesto más arriba. Que son, mira por dónde, los que más elogios han recabado. 😁

Pero bueno,  he aprendido bastantes cosas más, aunque no sean tan chocantes o polémicas. El taller también me han enseñado que este blog sería la pesadilla de un diacrítico ortotipográfico, o que hay voces narrativas que aún no he visto en el género fantástico, más allá de la visión en primera persona y del narrador en tercera omnicisciente. Además me está obligando a escribir cosas, cortitas, y a afrontar los nervios de tener una audiencia que luego te comenta… aunque tengo que decir que son demasiado benévolos 😉 . Y desde luego, también me ha enseñado a no leer tan diagonalmente la literatura y a mirar con otros ojos, más sospechosos, las entrelíneas. Lo cual es un poco… perder la inocencia.

En fin, menudo tochopost con enjundia me ha salido al final. Supongo que da una idea de lo productivo y enriquecedor que me ha resultado el taller. Y no soy el único, cómo será la cosa que mis compañeros siguen quedando todos los lunes para seguir creando relatos juntos, sin profe ni nada… ¡ojalá sigamos en octubre! Ah, y si algún día doy el paso y me lanzo a pagar los 30 euros al mes que pide El electrobardo… pues también os diré qué tal. 😜

14 COMENTARIOS

  1. que interesante experiencia. Molan tus conclusiones sobre la lectura y la escritura.
    me gustaría probar algo parecido.
    en cualquier caso, te veo estilo y capacidades. anímaté a escribir más, cacho perro 😉
    saludos!!

    • Jajajaj, gracias, maestre Bester, con qué buenos ojos me ves 😛 Desde luego, te recomiendo totalmente la experiencia. Si tienes tiempo (y algunos puntos de Familia, que también es importante) acércate por la biblioteca que tengas más cerca y pregunta a ver, seguro que tienen alguna actividad parecida. No veas cómo te cambia la forma de leer…

      ¡Y a ver si nos vemos pronto, cacho can! Que como lo sigamos dejando de año en año al final voy a tener que llevarme la careta de Erekíbeon para que me reconozcas XDD ¡Un abrazote!

  2. Con esto de los talleres literarios tengo un problema, y es que no estoy seguro de que quiera dejar de disfrutar de la lectura desde una perspectiva “virgen”. Es decir, seguro que mola leer un relato buscando significados ocultos, segundas lecturas, disfrutando de la maestría ortotipográfica del autor (sea lo que sea eso)… pero me da la impresión de que igual soy más feliz con mi compresión de no iniciado :D.

    Pero oye, igual no. Sería cuestión de probarlo.

    Sobre el tema del modo de escribir… es curioso, pero cuando escribo mis entradas en La Frikoteca, no suelo llevar un guión establecido. Tengo una idea general y voy escribiendo. Después, repaso, por supuesto, en busca de erratas y en busca de repeticiones, y a veces cambio o muevo de sitio párrafos enteros. Pero es bastante habitual que simplemente me ponga a escribir y a ver qué sale. Seguro que un diacrítico ortotipográfico también se suicidaría de indignación al leer mi blog :D.

    Ah, el primer relato me ha parecido genial. De hecho, me ha parecido “un día en la vida de un cubo gelatinoso” :D. Y el segundo, de ciencia ficción, con la imagen de la esposa fallecida hablando al protagonista desde una pantalla.

    En cualquier caso, me alegro de que te haya resultado interesante; ¡de todo se aprende! 😀

    • Comprendo perfectamente tus reticencias, camarada, yo tampoco estoy muy seguro de querer buscar esos significados cuando me ponga a leer lo de siempre, que aún no me he puesto con mi siguiente libro de la lista, Las Puertas de Anubis. Aunque igual no es cuestión de querer y se me dispara la “mirada sobrepensadora” sin más, en plan el despertar de Neo en Matrix, e igual se me abren nuevas dimensiones que hacen que la historia mole más. Claro que tal vez no sea tan buena idea descubrir aún más dimensiones de las que abren esas Puertas. Ya te contaré 😛

      Lo del diacrítico ortotipográfico ha sido una metedura de pata hasta el cuezo por mi parte, y si no llega a ser por tu comentario lo habría dejado tal cual XDD. El “diacrítico” no tengo ni idea de dónde lo he sacado. En realidad quería decir “corrector ortotipográfico”, un corrector que no sólo se fija en los errores de ortografía de toda la vida, sino también en el uso que se hace de la negrita, la cursiva, el guión, la raya, las comillas, que haya un espacio tras los dos puntos, etc. para ajustarlos al estándar editorial. Si alguno se pone a curiosear por las entradas antiguas seguro que le rechinarán los dientes, básicamente porque prácticamente nunca he utilizado la cursiva para los títulos de obras (películas, libros, etc) ni para los anglicismos, los diálogos los señalo con guiones, no con rayas y la negrita la he utilizado cuando y donde me ha salido del pie.

      Y justo ésa que describes es la forma de escribir que busco poder hacer. No sabes lo que te envidio que te salga natural. ¿Habrá alguna forma de entrenarme para ello y “desaprender” la que tengo?

      Sobre los relatos, debería hacer como esos literatos a los que aludía y ajustarme el fular, dar unos golpecitos con la pipa y dirigirte una mirada misteriosa para contestar con una sonrisa… “ni lo confirmo ni lo desmiento”. 😛

      Ni de coña, vamos XDD ¡Qué tío, dos de dos! Efectivamente, era “un día en la vida de un lodo verde cazando aventureros”, por aquello de poder colarse por rendijas y derramarse por agujeros, pero ¡lo has clavao! 😛 Y el segundo, tal cual, ésa era mi perspectiva cuando lo escribí, inspirado en el episodio “Ahora vuelvo” de la serie Black Mirror. Pero ha habido todo tipo de interpretaciones: que si la voz de ella era una fantasía de él, mientras limpiaba el cristal del retrato. Que si la mató con algún tipo de producto, supongo que a lo Joker… Había una “trampa” extra: los nombres de los protagonistas son los mismos que los de Ana Karenina, para que el entendido en literatura se divierta dilucidando cuál de los dos Alexeis sería. Sea como fuere, el relatillo cumplió su objetivo: que cada lector hiciera su propia interpretación.

      Un experimento muy curioso, pero no creo que me ponga a escribir siempre así. Después de tanto tiempo de intentar que no se malinterprete lo que escribo, o que los jugadores tengan una imagen mental lo más cercana a la mía, para evitar malentendidos tanto en el blog como en el rol, al final uno acaba buscando la máxima precisión en su escritura. Aunque también es cierto que la experiencia es como mínimo refrescante.

      ¡Un saludete y gracias por pasarte por aquí, hermano gemelo malvado! ^.^

  3. Hola compi!. ¿ Es aquí donde se dejan los comentarios?. Ya sabes mis preguntas….
    No se si analizarte primero o felicitarte después. Espera… ya se lo que voy a hacer mejor: animarte a que sigas expresandote tan directamente, con este lenguaje tan claro y que no se te ocurra munca perder el humor-literario que te carazteriza.
    Ahora decirte que me ha gustado mucho este trabajo tuyo y te doy las gracias por compartirlo. Y por último me quedo con una frase que he leido: he disfrutado mucho haciendolo. ¿ Pero nos veremos en Octubre no?. Un abrazote grande.

    • ¡¡Hooola, compi!! Efectivamente, diste con el sitio, jejeje. No sabes lo que me alegra que te haya gustado ¡muchas gracias! Y ¿cómo no iba a compartir mis pensamientos con vosotros, que me habéis sufrido durante estos meses? 😛 Por supuesto, en Octubre como máximo nos vemos, aunque estoy haciendo todo lo posible para escaparme uno de estos lunes… que parece que lo que me tiene tan ocupado se está encarrilando ya.

      ¡Otro abrazote gigante y gracias de nuevo por pasarte! ^.^

  4. Disculpas, he dado un codazo al ratón……. y …..

    Queridos compañeros: Nunca olvidaré vuestra compañía en las clases, la maravillosa mirada del pequeñito de Antonio, vuestra atención y vuestros comentarios a mis textos que tanto me han ayudado a mejorar, que han dado la oportunidad de hacer un viaje dentro de mi misma, donde he encontrado muchas cosas, desconocidas por mí hasta ese momento y la oportunidad de escuchar vuestros interesantes relatos… Pero sobre todo, queridos compañeros, la suerte que he tenido de aprender tanto de vosotros.

    ¡Nunca olvidaré todo lo que tan generosamente habéis compartido conmigo!

    Un enorme “besabrazo” (suma de beso+abrazo”

    • ¡¡Hooola, Antonia!! No, no, soy yo el que te tiene que dar las gracias. Por pasarte por aquí, por tus palabras… pero también por lo mucho que personalmente he aprendido de ti. Y eso sin mencionar el regalazo que nos ofrecías cada vez que nos sumergías en tus relatos con esa voz tan cálida y cristalina que te caracteriza. Eso sí que no tiene precio ^.^

      Y espero que esa despedida sea mucho menos definitiva de lo que parece, y como mínimo nos volvamos a ver en octubre ¿no? ¡Otro besabrazo! 😛

      • Hola compi querido:

        Después de varios días de playa muy tranquilos, acabo de “tocar” un ordenador y he tenido la oportunidad de leer tu estupendo comentario.

        Nos volveremos a ver en octubre, no me perderé el disfrute de volver a estar con vosotros, de pasarlo bien y aprender un montón a vuestro lado.

        Te envío muchooos besooos de color azul como el mar acompañados con la música deliciosa de sus olas.

        Antonia

        • Aaaay… qué envidia, compi. Este año me quedo sin ver la playa, y me tengo que conformar con pasar los calores matritenses en esos trampantojos pintados de color mar polinesio que no dejan de ser peceras humanas 😛

          ¡Nos vemos en octubre! O quién sabe, siendo del mismo barrio, igual nos encontramos por esas plazuelas ^.^ ¡Besos!

  5. Acabo de llegar aquí buscando información sobre talleres literarios. Gracias por tu post. Me ha servido de ayuda.
    Creo que yo si que probaré los talleres online que comentas.

    • ¡Hola, Pau! Me alegro que te haya ayudado algo. Gracias a ti por pasarte y comentar… y ¡ya nos contarás qué tal te ha ido!

Deja un comentario