Anoche mi Princesa me explicaba muy emocionada cómo sería el dibujo que haría para un concurso del cole. ¿El tema? «El futuro».
— Mi dibujo tendrá edificios con muchas luces de muchos colores, fuah fuah, con tiendas que pondrán en el aire anuncios de “Oferta” y un montón de coches voladores muy chulos.
Coches voladores.
Curioso. De pequeño yo también soñaba que existirían en el futuro y que los conduciría cuando fuera mayor. Sin embargo allí siguen, en ese «futuro» que tenemos todos en mente. Y llevan allí más o menos desde 1940, cuando el mismísimo Henry Ford predijo
Recordad mis palabras: se acerca la combinación de avión y coche. Podéis reíros, pero llegará.

¿Se ha estancado la imagen del futuro (o más bien la del «futuro ideal») que vamos teniendo las sucesivas generaciones? ¿Eso es bueno? Y ¿qué imaginarán los niños que por fin tengan coches voladores, robots y naves espaciales?
Tantas líneas de pensamiento y tan profundas…
— Ayy, mi Princesa, —le dije— ojalá cuando tengas la edad que tengo ahora ya existan y puedas conducirlos.







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