Estas Navidades han sido unas fiestas de atracones de todo tipo. De roscón, de regalos, de niños (aunque ahora los eche de menos)… y de dibujos animados.
Santo Crom. Todos esos especiales navideños de absolutamente todas las series, y encima repetidos en días consecutivos… o incluso en el mismo día. He perdido la cuenta de las veces que habré escuchado de fondo a Ladybug combatir con Santa Clavos, a Donald quedarse a vivir la Navidad con Mickey en lugar de emigrar al sur o a Bob Esponja esperar a Santa Claus… Y eso que sólo tengo la TDT. No quiero ni imaginarme lo que habréis sufrido los que además tenéis otros canales temáticos infantiles.
Sin embargo, entre toda esta avalancha navideña de dibujos animados me llamó la atención Elena de Ávalor, de la que no sabía nada hasta ahora. Se trata de un spin-off de La Princesa Sofía, esa serie central en el multiverso de las Princesas Disney cual Sigil de Planescape. Tanto Sofía como Elena transcurren en el mismo mundo fantástico de rollo muy siglo XIX, sólo que con mucha magia y sin armas de fuego.

¿Y por qué me ha llamado la atención Elena y no Sofía? Pues porque mientras la ambientación de Sofía sigue siendo teniendo un poso bastante europeo (frikidato: Sofía es de origen pseudoespañol), el Ávalor de Elena no tira de la clásica mezcla chino-japonesa o el Oriente Medio preislámico que siempre se han utilizado para darle exotismo a un reino, sino que crea una amalgama mexico-latinoamericana que no había visto hasta ahora, ni siquiera en universos roleros.
Y la verdad, me ha molado. Me ha gustado cómo han tirado de topicazos latinos y los han evolucionado para crear un estilo propio, y con detalles que revelan bastante más profundidad de la que puede parecer en un primer vistazo. Vamos con algunos ejemplos.
Como decía un poco más arriba, la estética del mundo de la Princesa Sofía parece basarse en la del siglo XIX. El palacio de Elena está inspirado en la arquitectura colonial mexicana de la misma época:

Y el vestuario parece salido de un capítulo de El Zorro, aunque cuando se desplazan a otras regiones hay indumentarias similares a trajes peruanos, bolivianos e incluso goyescos.
Eso sí, ya puestos a tirar de clichés latinos, no podía faltar la música latina con mucha guitarra española, que está por todas partes:

e incluso añadir clichés de este lado del charco:

Por supuesto, los nombres de todos los personajes son españoles, sin rastro de Vanes o Kevins, y celebran el Día de los Muertos a la manera mexicana.
Pasando a la parte más fantástica, mientras en La Princesa Sofía hay pegasos, más vistos que el tebeo, en Avalor hay ¡jaguares con alas de papagayo! que molan muchísimo más, dónde va a parar:

Sin embargo, lo que más me ha gustado de la serie, y lo que me ha empujado a dedicarle estas líneas, ha sido su tratamiento de la magia. En esta parte del mundo los grimorios tienen una clarísima raíz azteca:

Y las varitas/cetros tienen al final una especie de pandereta-tambor mapuche que hay que tocar para que funcione el hechizo.


No me digáis que no tiene su punto. ¿Os imagináis una de estas varitas en un tesoro «normal»? Quizás se piensen que se trata de un simple instrumento musical… hasta que se pongan a cantar un villancico. Lo malo es que, conociendo al jugador medio, acabarán por conseguir que los duelos de magia degeneren en algo parecido a esto.
En fin, no sé cómo se lo habrán tomado nuestros hermanos del otro lado del Atlántico, pero me ha parecido muy curioso esto de utilizar tópicos latinos para construir una ambientación de fantasía distinta a las de siempre. Encima los argumentos de los capítulos están orientados a la resolución de problemas y a la ayuda a los demás, por lo que me parecen muy copiables para partidas de rol con peques. Así que… aún me quedan cosas que anotar de Elena de Ávalor.
Y poco más. A ver si se animan y para la siguiente Princesa nos montan una ambientación africana basada en este pedazo de panteón yoruba:








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