Y con 9 años se leyó El Señor de los Anillos

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Hace ya más de un año que me cambié a un nuevo departamento. Nuevos compañeros, nuevas tareas, el mismo sueldo… y tan exigente a nivel mental que cuando acaba el día me queda de creatividad lo justito para enchufarme un videojuego y pegar unos tiros.

Y claro, la primera víctima ha sido el blog. La sección de “borradores” está repleta de semillas de artículos que me miran, acusadores, esperando a que les dedique tiempo a terminar de martillearlos y darles la forma que necesitan para ser publicados… pero no puede ser. La mayoría son tan esclavos de su momento que a día de hoy ya no serían pertinentes.

Sin embargo, hay algunos que siguen siendo tan importantes que tengo que acabarlos ahora que estoy de vacaciones, aunque hayan sucedido hace casi tres meses. Por ejemplo, este importantísimo hito (roleplaying pun not intended) que fui relatando en Twitter allá por mayo:

Y así se adentró por fin mi Princesa en la obra fundacional de casi toda la fantasía que ha venido después. Ya había visitado la Tierra Media cuando se leyó El Hobbit hace unos meses, pero El Señor de los Anillos es otro estilo, otra magnitud. ¿Se le atragantaría, como le ha pasado a tantos adultos que conozco?

Pues en absoluto. Se bebió el primer libro, leyéndolo en el libro electrónico todas las noches que podía. Hasta se sorprendió cuando le preguntamos si no era aburrida tanta descripción. “Qué va, papá”.

Y es verdad, ha pasado por otros libros en los que mueren personajes principales. Fijo que Canción de Hielo y Fuego no le causará el mismo impacto que a nosotros.