5 días seguidos con Gatitos Mágicos ¡Al Rescate!

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Creo que mi sueño se ha hecho realidad unos cuantos años antes de lo que pensaba. ¿Os imagináis lo guay que sería tener un máster esperándote en casa a que vuelvas del trabajo, ansioso por retomar la aventura que estáis jugando?

Pues eso he tenido yo durante los cinco últimos días.

Habrá quien hubiera preferido seguir las aventuras de un bárbaro con hacha de dos manos en un mundo de fantasía medieval… pero oye, al tiempo, que seguro que llegará. De momento no ha estado mal seguir las aventuras de Micifú, un gatito feo y mal hecho con poderes de hipnosis:

Viéndolo ahora, quizá podría tener alguna influencia del Gato Jinks (respuesta del PequePirata: NO)

y un gatito muy cuqui llamado Gatito Vagoneta…

Es cierto que su gato es mucho más cuqui que Micifú. (Nota del PequePirata: me inspiré en el único gatito que sobrevivió a un Wither en una de mis partidas en Minecraft)

que cada vez tenía más y más poderes en su ficha:

Os imaginaréis todas las posibilidades que tienen esta combinación de poderes. Yo las viví: un ejército de gatitos que tiraban rayos láser por los ojos, miniguns láser hechas de gatitos…

Y cada tarde hemos visitado diferentes localizaciones. Comenzamos las aventuras en nuestro propio barrio, siendo dos gatitos callejeros adoptados por un niño que iba al cole del PequePirata, pero a medida que pasaba la semana nos fuimos yendo más y más hacia la ambientación de Gatitos Mágicos, acabando en una casa de Villa Río.

Justo ésa. Muy cerca del número 20, que no sé lo que es. (Nota del PequePirata: es Casa Camaleón) ¿Ves? Ahora tengo más curiosidad con ese nombre tan molón.

¿Y las aventuras? Pues de lo más variadas, algunas de varias tardes de duración.

  • Conseguimos que un abusón (Nico) dejara en paz a nuestro amo (Antonio), sin que nadie supiera que habían sido los poderes mágicos de nuestros gatitos.
  • Detuvimos una auténtica invasión de momias que transformaban a la gente, lideradas por madame Momia… que al final resultó ser un tipo en pañales que lanzaba rollos de papel higiénico. Cosas de magia.
  • Investigamos una plaga de gatitos fantasma, que descubrimos que estaban a las órdenes del fantasma de un niño que vivía en lo que había sido un restaurante. Sí, lo habéis adivinado, fue un restaurante que había servido carne de gato.

Lo mejor es que era el propio PequePirata el que venía corriendo a decirme «¿Seguimos jugando, papá?» en cuanto yo atravesaba la puerta de casa. Eso sí, siempre insistiendo en que él era el Director de Juego, claro. Y luego me enteraba que se había pasado la tarde desde que había vuelto del cole leyendo el libreto (con lo mucho que le cuesta coger un libro), buscando inspiración para la siguiente aventura. De ahí sospecho que salieron detalles como Madame Momia… y digo «sospecho» porque aún no me ha dejado leerme el libro, así que no lo sé con certeza.

Puede que su motivación fuera que su minino ganara más y más puntos de experiencia para que crecieran sus poderes en esa lista que habéis visto… pero aun así ha sido impagable pasar esas tardes con él, imaginando aventuras, riéndonos a carcajadas y descubriendo juntos qué ocurría después de cada giro de guión que se le ocurría.

Ya sólo por eso, gracias, Gatitos Mágicos.

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2 COMENTARIOS

  1. ¿Qué tendrán los gatitos que ejercen esa gran influencia sobre los chicos pequeños? ;).
    Enhorabuena por haber conseguido tener en casa no ya un jugador sino ¡un director de juego! :D. A mí me dirigieron en su momento una partida de Pequeños Detectives de Monstruos y la verdad es que está genial ver a las nuevas generaciones darlo todo para organizar sus propias partidas :D.

    • Ni idea. Y eso que en casa no tenemos animales de ningún tipo y que yo soy del «Team perros», así que no sé de dónde puede venir esa fascinación por los felinos. No me lo explico.

      Y… en realidad me han salido dos directores de juego, aunque la primera es muy indie y narrativa y le sale más el arbitrarle cosas improvisadas a sus amigas que a la familia. Pero esto de tener un DJ más formal, con su pantalla y todo, pues es un puntazo. Eso sí, tendré que ir soplando de vez en cuando la llama para que prenda y no se apague, jejejeje.

      ¡Un abrazote, maestro!

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