Cabezología
20 abril 2008
Vaya, dos posts seguidos sobre niños. Supongo que será la primera pero no la última vez…
El fin de semana pasado asistí con mi Reina y mi Princesa a una de esas reuniones que tienen lugar cuando ya tienes una cierta edad y los amigos de la antigüedad también. Todo lleno de críos. Las conversaciones ya sólo giran en torno a ellos: que si fulanita no come nada, que si menganito está hecho un troglodita, etc etc. De vez en cuando se escapa algún tópico respecto a las últimas tecnologías o al fútbol, pero son la excepción.
El caso es que muchas veces no sabes qué hacer respecto a los hijos de los demás que ya tienen suficiente edad para hablar y corretear. Lo que hace la mayoría es saludarles cuando llegan y cuando se van, pero el resto del tiempo pasar de ellos. Los padres les dejan a todos en una mesa y también tratan de pasar de ellos… tanto tiempo como éstos les dejen, claro.
Yo normalmente trato de hablar con ellos en ese período entre saludo y despedida, hacerles alguna gracia o un chiste, o algo. Los niños tienen puntos de vista muy divertidos sobre prácticamente cualquier cosa, y me encanta saber qué es lo que ven en la tele, a qué juegan en el cole, etc etc.
Sin embargo hay algunos que interpretan este gesto como una forma de ponerte a su nivel, y piensan que pueden tratarte como a cualquier otro niño. Esto no es malo si su actitud “por defecto” es amistosa, pero hay niños cuya actitud (y más cuando se ven como “machos alfa” de la manada de críos presente) es de desdén o incluso de falta de respeto absoluta. Y entonces se ven escenas lamentables de criajas de tres añitos escupiendo a un adulto entre risitas, porque éso es lo último en diversión que se lleva en el patio de su guardería.

Fijo que también te parecerá gracioso cuando dentro de diez añitos te dé una paliza por mirarle mal. ¿A que sí?
¿Y qué haces ante estos comportamientos? Uno de los adultos que fue recibido de esta manera se limitó a mirar a las niñas con cara de cabreo. Otro directamente llamó la atención a los padres, pero de buen rollo, que todos somos amigos. ¿La respuesta de los padres? “Oye, eso no se hace” y hala, de vuelta a lo suyo.
A mí este tipo de comportamientos me indignan. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando los chavales les pegan a los profesores o queman indigentes en los cajeros. Si llega a ser mi Princesa, la cojo inmediatamente, la llevo aparte, le echo la bronca y la obligo a pedirle perdón al adulto. Como mínimo. Pero claro, eso no lo puedo hacer con otros niños. ¿Quién soy yo para ello?. A mí tampoco me gustaría que otro reprendiera a mi Princesa.
Sin embargo tampoco se puede quedar uno de brazos cruzados y consentir estas faltas de respeto, sean mis hijos o no. ¿Qué hacer entonces? Pues, como decía Yaya Ceravieja, usar la “Cabezología”.
Fui hacia las criajas, sonriéndolas y preguntándoles qué tal, y fui también blanco de salivazos y risitas. Entonces me acerqué a ellas, serio y mirándolas a los ojos, y les dije… “Sé cosas de mucho miedo… ¿queréis que os las cuente?”. Impagable ver cómo se les congelaron las risillas y se apretaban unas contra otras.
Y es que a esas edades tempranas aún funciona el miedo supersticioso. Teniendo en cuenta la cantidad de Manuales de Monstruos y de historias de terror que he leído, creo que tengo material suficiente para algunas buenas pesadillas infantiles. Así que a la primera que vea que vuelven a las andadas, sus padres van a pasar alguna noche de insomnio que otra.
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Mi primer candidato para ser “lo que habita bajo tu cama que sale cuando se apaga la luz”
Mira por dónde, mi frikismo resulta que tiene más usos de los que sospechaba…
Miedo
19 abril 2008
¿Conocéis la historia de cómo el Faraón Psamético I descubrió el primer lenguaje que habló la humanidad?
Seguro que no. Pero bueno, no tiene nada de extraño. Yo tampoco lo sabría si no hubiera leído de pequeño una colección de comics llamados “Epopeya”, donde se narraban grandes gestas de la humanidad como la construcción del Canal de Suez, las andanzas de Carlomagno o la caída de Constantinopla. Y no se vendían en tiendas especializadas ni en kioscos, qué va. Los pillábamos en esos mercadillos de libros que se ponen en verano al lado de la playa.
Pero me voy por las ramas. En uno de los números se adaptaban las Historias de Heródoto, el DosFlores griego que se pateó el Mediterráneo y parte de Asia, y al que ya los guías y cicerones de cada país contaban historias inverosímiles. Vamos, como ahora. El caso es que cuando visitó Egipto su guía le contó la historia del faraón Psamético y de cómo se las ingenió para averigurar cuál fue el primer idioma que habló la humanidad. En muchos otros sitios os cuentan mejor la historia, pero en cortito viene a decir que el faraón dejó a dos bebés a cargo de un cabrero con orden de que jamás escucharan una voz humana, y que tomara nota de la primera palabra que espontáneamente dijeran.
La lógica detrás de este razonamiento es que el lenguaje forma parte de esos reflejos y comportamientos innatos que están en el “disco de arranque” del ser humano, como respirar, chupar, sonreír a nuestros padres o llorar cuando hay frío, hambre, cacas, miedo o algo que te incomoda.
Ahora sabemos que el lenguaje se aprende y que seguramente el bebé dijo “bekos” por haber escuchado a las cabras, pero… ¿pasa lo mismo con el miedo? ¿Se aprende a tener miedo o lo tenemos grabado en nuestros genes desde que nacemos?
Esta pregunta me vino a la cabeza hace un par de días, cuando fui testigo del primer terror de mi Princesa. Fue tan súbito que sólo pude quedármela mirando, sobrecogido por la manera en que se le desencajó la cara, a la vez que sus ojos se le salían de las órbitas y prorrumpía en un llanto con gritos entrecortados llenos de miedo, mientras trataba de alejarse como podía de la fuente de tal espanto.
¿Cuál era ese terror innombrable? ¿Qué horror preternatural, qué caos reptante había disparado las alarmas neurológicas de mi Princesa, las mismas que la humanidad lleva inscritas en sus genes desde la época de las cavernas?
Éste:

Tal vez parezca incluso inofensivo, pero afortunadamente dispongo de un documento gráfico en movimiento donde podéis observar el pavor en toda su abominable y monstruosa magnificencia (hacen falta altavoces o cascos)
Coñas aparte, ¿por qué se asustó tanto mi Princesa de esa marioneta? Es todavía más misterioso por el hecho de que en ese momento estábamos jugando con otros dos muñecos que también hacen ruido, una rana y una oveja… y no sé a vosotros, pero a mí me parece mucho más siniestra la oveja:
Decidido a que superara ese temor, ayer, dos días después del incidente, le volví a enseñar la marioneta y no reaccionó de la misma manera, aunque la miraba con un poco de respeto, eso sí. Puedo dar por superado entonces un posible trauma infantil.
Pero sin embargo sigo dándole vueltas a todo esto. ¿Por qué la vaca? En el dormitorio tiene un peluche de Cthulhu, que a priori debería ser más aterrador. ¿Acaso, en el albor de los tiempos, la humanidad tuvo algún contacto con lo desconocido que, para más inri, tenía forma de vaca? ¿Tendrá que ver la onomatopeya “Mu” con la civilización del mismo nombre que se hundió en el Pacífico? ¿Provocaría esa hecatombe un miedo cerval a esa sílaba, un terror que ha pasado de generación en generación?
En cualquier caso, si me atengo a lo que he visto con mis propios ojos, el Miedo Original no es tentaculado… Lovecraft se equivocó.
Hablando de hachas…
16 abril 2008
Gracias a La Ciudadela del Conde he descubierto “Conquista”, un espacio del Canal Historia dedicado principalmente a estudiar las armas antiguas.
Y mira tú por dónde, tienen un programa dedicado exclusivamente a las hachas…
Disfrutad.
Conste que no estoy de acuerdo con la conclusión del programa. Puede que en Hastings se derrotara a los Houscarls, pero no es cierto que significara el fin del hacha. La derivación del hacha danesa es claramente la alabarda, que fue ampliamente utilizada por todos los ejércitos europeos. Y en la entrada de la Wikipedia sobre el Hacha de petos se menciona un manual de esgrima francés centrado en el hacha, y es nada menos que del siglo XV, trescientos años después de Hastings.
Tal vez el documental se refiera más bien a que posteriormente los caballeros ingleses eligieran la espada en lugar del hacha, pero yo soy de la opinión de que esto fue más bien 1) por la simbología cristiana de la espada y 2) por el alto coste de su fabricación, con lo que se convirtió en un símbolo más de estatus de la nobleza. Vamos, los Louis Vuitton de las armas medievales.
En cualquier caso, el documental me ha reafirmado en mis convicciones: me sigue gustando más la plebeya y ofensiva hacha de dos manos que la pija y sobrevalorada espada.
Frases míticas (II)
14 abril 2008
“Estás pidiendo a gritos unos cojones que no tienes”
Pablo Mármol, circa 1999

En aquellos tiempos, Pablo Mármol era un Peter Pank sin cresta y con una capacidad sobrehumana de juzgar los problemas y sintetizarlos en una única frase. Además fue el primero en España que usó el término “freak” para definirnos a los comiqueros y roleros, y el que acuñó el término “casposo” antes que Santiago Segura.
A veces echo de menos la sala de peligro y Patrulla Vecinal… pero sólo a veces, jajajaja.
Charlton Heston
8 abril 2008
Pues resulta que este fin de semana ha muerto este gigante del cine y por supuesto todas las cadenas han exaltado su trayectoria, su Oscar por Ben-Hur y su defensa de las armas. Yo, como buen friki, me quedo con su figura de héroe de acción. Sobre todo porque él le descubrió a los yankis la figura del Cid, nuestro personaje más “Badass”, y porque habría sido un Nick Furia cojonudo.
El caso es que tampoco me he sentido especialmente triste por su partida. La verdad es que para mí llevaba ya muerto bastante tiempo, un poco como Raffaella Carrá.

Sí, qué pasa, mi Reina y yo pensábamos que había palmado el verano pasado, y casi nos da un síncope cuando la vimos presentando lo de Eurovisión...
Su defensa del derecho a tener armas en casa lo habían convertido en poco más que un payaso. En un tipo que habiendo sido un héroe en pantalla piensa que los argumentos que funcionan en las pelis funcionan también en la vida real. Y teniendo en cuenta que la política exterior de los USA en los últimos tiempos ha ido por los mismos derroteros, pues mejor cachondearse de él como lo hacían en el Informal.
¿Con cuántos otros actores nos pasará lo mismo? Pues francamente ahora mismo no se me ocurre ninguno más. Cuando se muera Harrison Ford sí que lo sentiré bastante más… pero esperemos que aún falte mucho para eso (lagarto, lagarto)
P.D.: Me acabo de dar cuenta, un post sobre Charlton Heston con una sola foto, y resulta que es de Raffaella Carrá. ¿A que molo?



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